La importancia de la fascia en movilidad

La fascia es una estructura de tejido conectivo muy resistente que abarca todo el cuerpo como una red tridimensional. Envuelve, separa y conecta músculos, huesos y órganos, manteniéndolos en su lugar.

Biológicamente, la fascia es lo que nos mantiene unidos.

Da soporte, protección y forma al organismo. La fascia se caracteriza por una gran capacidad de deslizamiento y desplazamiento lo que facilita cualquier movimiento, incluso los pequeños movimientos fisiológicos, como el latido del corazón. A nivel muscular, cada fibra muscular tira de la fascia que tiene alrededor y se genera el movimiento.

Las restricciones de movimiento de la fascia provocan trastornos en la movilidad, limitando el movimiento.

La fascia está formada principalmente por fibras de colágeno y fibras elásticas suspendidas en un líquido viscoso (llamado sustancia fundamental). Las fibras de colágeno son muy resistentes mientras que las fibras elásticas son flexibles, de tal forma que el tejido conectivo es a la vez resistente y flexible.

El tejido conectivo se compone de alrededor de un 70% de agua y la movilidad física ayuda a mantener el movimiento del agua. El ácido hialurónico actúa como un lubricante para el tejido conectivo. Por ello, a menor cantidad de ácido hialurónico, habrá menor movilidad ya que su fascia estará más seca, menos flexible y tendrá una menor capacidad para deslizarse de forma adecuada. De nuevo, el movimiento ha demostrado ser una parte esencial. Los experimentos revelan técnicas manuales para la manipulación de la fascia, como la técnica Rolfing, que ayuda a incrementar las reservas de agua y flexibilidad de la fascia.

También podría ser de utilidad realizar un masaje profundo y lento. Sin embargo, la estrategia más efectiva es hacer un movimiento constante.

La fascia puede responder al estado emocional y aumentar la rigidez en situaciones de estrés.